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La Enfermedad de Alzheimer

¿Qué es la enfermedad de Alzheimer?

La enfermedad de Alzheimer es la forma más común de demencia en las personas de edad avanzada. Se estima que unos veinticinco millones de personas en todo el mundo la padecen. Cuando hablamos de demencia nos referimos a una condición que afecta gravemente la habilidad de una persona para llevar a cabo sus tareas cotidianas.

La enfermedad de Alzheimer es una condición neurodegenerativa que afecta progresivamente la memoria, otras capacidades intelectuales y finalmente la capacidad para llevar a cabo aún las tareas más básicas.

El nombre de esta enfermedad se debe a un psiquiatra alemán llamado Alois Alzheimer quien trabajaba junto a otro psiquiatra alemán llamado Emil Kraepelin.  En 1906 Alzheimer describió por primera vez los distintivos cambios neuropatológicos de esta enfermedad.  Para esto estudió el cerebro de una mujer de 51 años que había fallecido recientemente en el hospital de Frankfurt y que presentaba un cuadro clínico en el cual, entre otros síntomas, figuraban delirio de celos, pérdida de memoria y alucinaciones. Kraepelin ya había identificado los síntomas pero decidió que la enfermedad debía llevar el nombre de Alzheimer por considerar la aportación de éste al entendimiento de esta enfermedad de extrema importancia.

Durante gran parte del siglo veinte el diagnóstico de enfermedad de Alzheimer se limitó a personas entre las edades de 45 a 65 años que mostraban los síntomas característicos ya que en personas de edades más avanzadas la pérdida de facultades mentales era algo más o menos normal.  Sin embargo, en las décadas de 1970 y 1980 esto comenzó a cambiar. Actualmente el diagnóstico de enfermedad de Alzheimer se aplica a cualquier persona que presente los síntomas y el curso distintivos de esta condición.

Causas de la enfermedad de Alzheimer

Existen varias teorías que intentan explicar las causas de la enfermedad de Alzheimer. Algunas tienen que ver con agentes tóxicos como, por ejemplo, varios metales como el aluminio, plomo, cinc y el mercurio. Según estas teorías estas sustancias tóxicas hacen que las neuronas se degeneren y se acumulen en el cerebro proteínas que obstaculizan su funcionamiento y llevan a la muerte de las células cerebrales o neuronas. Hay estudios que indican una relación entre el aluminio y la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, estos estudios no han sido confirmados y muchos expertos en la enfermedad de Alzheimer no los aceptan. Otros agentes ambientales propuestos son toxinas presentes en los alimentos y agentes virales. Sin embargo, los estudios llevados a cabo hasta ahora no son concluyentes. Aunque hasta ahora los estudios llevados a cabo no demuestran una fuerte correlación entre las toxinas ambientales y la enfermedad de Alzheimer se ha encontrado que conejos que ingirieron una dieta alta en colesterol conjuntamente con iones de cobre en el agua que bebían, desarrollaron en el cerebro lesiones características de la enfermedad de Alzheimer y deficiencias cognitivas. En 2001 se publicó un estudio en el que se compararon residentes de Nigeria que consumía una dieta mayormente vegetariana y baja en grasas con norteamericanos de descendencia africana residentes de Indianápolis en Indiana que consumían una dieta elevada en grasas. Se encontró que los residentes de Nigeria tenían una incidencia de Alzheimer menor que la de los residentes de Indianápolis. Algunos investigadores creen que los niveles altos de colesterol, la arteriosclerosis y la hipertensión juegan un papel en el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer.

Algunos estudios parecen indicar que lesiones o golpes en la cabeza pueden iniciar un proceso que culmine en la enfermedad de Alzheimer.

Una teoría que tenía muchos adeptos hasta hace relativamente poco tiempo era la de que la enfermedad de Alzheimer tiene sus orígenes en una deficiencia de un neurotransmisor (una sustancia cuya labor es enviar mensajes de una célula nerviosa a otra) llamado acetilcolina. Aunque en el cerebro de los pacientes de la enfermedad de Alzheimer existen deficiencias de acetilcolina en la actualidad se cree que estas no son la causa de la enfermedad sino que estas deficiencias son resultado de los daños cerebrales producidos por la enfermedad de Alzheimer.

Dos teorías más recientes tienen que ver con la acumulación de ciertas proteínas en el cerebro. Una de estas se relaciona con anormalidades de una proteína llamada tau que se acumula dentro de las células nerviosas formando lo que se ha llamado nudos neurofibrilares. Estos están formados por fragmentos de proteína que obstruyen el funcionamiento de la neurona.

La otra es una proteína anormal llamada beta-amiloide. Esta se deposita fuera de las neuronas produciendo lo que se conoce como placas seniles formadas por esta proteína y neuronas muertas o en proceso de morir y otras células y placas neuríticas que se forman cuando alrededor de estas proteínas se acumulan productos de neuronas muertas.

En el cerebro de todas las personas de edad avanzada se encuentra cierto nivel de estos cambios. Sin embargo, en los pacientes de la enfermedad de Alzheimer la cantidad de estos es mucho mayor. Sin embargo, algunos investigadores piensan que la presencia de estas placas y nudos posiblemente no sean la causa de la enfermedad de Alzheimer sino un síntoma de la misma que es causado por otro proceso o alguna sustancia que es la que realmente causa la enfermedad.

También se estudia al presente la influencia de procesos oxidativos en el cerebro.

Es importante señalar que ninguna de las teorías que hemos señalado excluye a las demás. Es posible que unos casos de la enfermedad de Alzheimer sean causados o desencadenados por alguno de estos factores y otros casos por otros. Es posible también una combinación de factores en el desarrollo de esta condición.

Recientemente se le ha estado prestando atención a la influencia de factores genéticos. Un estudio reciente llevado a cabo en la universidad de California del Sur parece indicar que los factores genéticos son más importantes que lo que hasta ahora se había pensado.

Existe otra evidencia a la que recientemente se le ha estado prestando atención que parece indicar que la enfermedad de Alzheimer y la diabetes tienen un origen común. Se ha descubierto que durante las primeras etapas de la enfermedad de Alzheimer los niveles de insulina en el cerebro y la cantidad de receptores a esta hormona descienden.

Síntomas de la enfermedad de Alzheimer

La enfermedad de Alzheimer no empieza en todos los casos de la misma forma. Al principio los síntomas pueden ser muy sutiles y parecerse a lo que muchas personas piensan que es el envejecimiento normal. En una gran proporción de casos el primer síntoma es una pérdida de memoria que va progresando. Primeramente puede presentarse un olvido fluctuante y ocasional y posteriormente una pérdida mayor de la memoria de eventos recientes. También pueden presentarse síntomas tales como repetir frecuentemente algo, colocar las cosas en el lugar equivocado, extraviarse en una ruta conocida, dificultad para recordar el nombre de objetos conocidos, cambios de la personalidad, falta de interés en cosas que antes disfrutaba y dificultad para llevar a cabo tareas tales como aprender datos o rutinas nuevas, balancear una libreta de cheques o participar en juegos de mesa. Estas son tareas para las que se requiere cierto nivel de destreza mental pero que la persona las podía previamente llevar a cabo sin problemas.

En una etapa posterior se puede presentar conducta agresiva y alucinaciones, depresión y/o delirio, problemas para llevar a cabo tareas rutinarias como preparar la comida o conducir un automóvil, perder la conciencia de quien se es.

En la etapa final de la enfermedad de Alzheimer el paciente ya no reconoce a sus amistades o familiares, no entienden el lenguaje y no pueden llevar a cabo actividades básicas tales como comer, bañarse o vestirse. La persona se hace totalmente dependiente de los demás.

Diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer

No existe ninguna prueba que diagnostique la enfermedad de Alzheimer. El diagnóstico por lo general se lleva a cabo en base a la observación clínica y algunas pruebas de memoria y funcionamiento intelectual. Esto deberá hacerse a lo largo de varias semanas o meses. Los médicos especializados en problemas de memoria pueden llevar a cabo un diagnóstico correcto entre el 85 y el 90 por ciento de las veces pero la confirmación definitiva sólo puede llevarse a cabo por medio de una autopsia en la que se puede confirmar la presencia en el cerebro de los cambios característicos de la enfermedad de Alzheimer.

Tratamiento de la enfermedad de Alzheimer

Aunque no existe una cura para la enfermedad de Alzheimer sí existen medicamentos que pueden aliviar los síntomas y retardar el desarrollo de la enfermedad. Uno de los primeros medicamentos utilizados fue la tacrina (Cognex). Este es un inhibidor de una enzima llamada colinesterasa que descompone la acetilcolina. Tacrine ha dejado de ser utilizado en muchos países ya que puede causar daños al hígado y provoca nauseas, vómitos y diarreas. Existen otros inhibidores de la colinesterasa con menos efectos secundarios. Entre estos está el donezepilo (Aricept), la rivastigmina (Exelon, Prometax) y la galantamina (llamada Reminyl antiguamente y Razadyne en la actualidad). Estos medicamentos se utilizan para mejorar aunque en forma limitada los síntomas pero no impiden el progreso de la enfermedad. Un estudio reciente publicado en la revista médica The Lancet ha puesto en tela de juicio los beneficios de este tipo de medicamento. Sin embargo, muchos médicos al igual que las compañías fabricantes de estos medicamentos alegan que este estudio tiene una serie de fallas metodológicas que lo invalidan.

Un medicamento reciente de otro tipo es la memantina (Akatinol). La memantina ayuda a evitar la muerte de las neuronas. Se ha encontrado que los pacientes que lo usan mejoran su capacidad para llevar a cabo actividades cotidianas y mejoran en algo sus funciones cognitivas entre otros beneficios. Algunos investigadores creen que combinar el donezepilo con la memantina produce mejores efectos que utilizarlos por separado.

La selegilina (Edepryl) es un medicamento que ha demostrado alguna eficacia en retrasar el progreso de la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, no ha demostrado mejorar las capacidades cognitivas.

Se utilizan otros medicamentos, no ya con el propósito de retrasar la enfermedad, sino de controlar los síntomas relacionados con la conducta, mejorar el estado de ánimo de los pacientes y controlar otra serie de síntomas. La depresión, que muchas veces se presenta en las etapas iniciales de la enfermedad de Alzheimer puede ser tratada por medio de medicamentos antidepresivos. Se utilizan también medicamentos para tratar el insomnio, la agitación, la ansiedad y las alucinaciones.

Los medicamentos antiinflamatorios no esteroides y la enfermedad de Alzheimer - algunos estudios parecen indicar que estos medicamentos entre los que se encuentran la aspirina y el ibuprofeno pueden reducir el riesgo de padecer de la enfermedad de Alzheimer o al menos retrasar su comienzo.

Alternativas naturales para tratamiento y prevención
La alimentación, varios suplementos, plantas medicinales y algunos nutrientes, así como el ejercitar tanto el cuerpo como la mente pueden tener un impacto positivo sobre las personas que padecen de la enfermedad de Alzheimer. En algunos casos estos acercamientos pueden servir para prevenir la enfermedad.

El ejercicio - varios estudios parecen indicar que el ejercicio físico regular ayuda en la prevención de la enfermedad de Alzheimer. Aún cantidades modestas de ejercicio parecen ayudar. En un estudio reciente se encontró que unos 15 minutos tres veces en la semana de caminar, correr bicicleta o ejercicios de estiramiento reducen el riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer en más de un treinta por ciento. Se estima que una forma en que el ejercicio ayuda es mejorando la circulación de la sangre y de ese modo previniendo obstrucciones de los vasos sanguíneos. Se cree también que el ejercicio ayuda a promover el crecimiento de nuevas neuronas.

El ejercicio mental - existe evidencia de que las personas que ejercitan su mente regularmente tienen una menor probabilidad de sufrir de la enfermedad de Alzheimer que quienes no lo hacen. Al referirnos a ejercitar la mente nos referimos a diversas actividades. En un estudio se encontró que las personas que juegan ajedrez con regularidad desarrollan la enfermedad de Alzheimer con menos frecuencia que el resto de las personas. Se ha encontrado que resolver crucigramas también tiene una relación inversa con la enfermedad de Alzheimer, es decir, mientras más se practica esta actividad menor es la probabiliidad de desarrollar esta condición. También en algunos estudios se ha relacionado una baja incidencia de la enfermedad de Alzheimer con un nivel alto de escolaridad. Otros estudios llevados a cabo en animales parecen demostrar que existen estímulos ambientales que hacen que aumente el crecimiento de las neuronas y el peso del cerebro. Los estímulos que logran esto son estímulos complejos. Hay que hacer notar que existen estudiosos que ponen en tela de juicio estos beneficios del ejercicio mental.

La alimentación – algunos estudios tienden a demostrar que una deficiencia de un ácido graso del tipo omega-3 conocido como DHA puede estar implicada en el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer. La mejor manera de obtener DHA es mediante el consumo de pescado de aguas frías como la sardina, el salmón y la macarela.

Se ha investigado el papel que juega en el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer una proteína presente en la sangre llamada homocisteína. Con el propósito de reducir los niveles de homocisteina se han utilizado las vitaminas B12, B6 y ácido fólico.  La homocisteina además aumenta el riesgo de ataques cardiacos y apoplejías (derrames cerebrales). Algunos estudios parecen implicar una serie de pequeños derrames cerebrales, los cuales a veces sólo causan síntomas leves que la persona atribuye a otras a través de los años con el riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer. En dos estudios publicados en el número correspondiente a marzo 16 de 2006 del New England Journal of Medicine se encontró que la combinación de ácido fólico, vitamina B6 y vitamina B12 redujo considerablemente los niveles de homocisteina pero no redujo el riesgo de ataques cardiacos en personas que ya tenían problemas cardiacos. De hecho se registró un pequeño aumento en el riesgo de sufrir otro ataque cardiaco. Sin embargo en el otro estudio, la combinación de ácido fólico, vitamina B6 y vitamina B12 aunque no redujo el riesgo de ataques cardiacos sí redujo ligeramente el número de apoplejías en pacientes que padecían de diabetes o enfermedad vascular. El significado de estos hallazgos es objeto de controversia.

En estudios llevados a cabo con ratones se ha encontrado que el curcumin, el pigmento amarillo que le da color al curry reduce la incidencia de enfermedad de Alzheimer. En estudios en tubo de ensayo se ha encontrado que esta sustancia disuelve las placas seniles humanas. En otros estudios se ha encontrado que además de disolver las placas ya presentes el curcumin inhibe la formación de los fragmentos de proteína que son los responsables de formar estas placas Además de estar presente en la especia conocida como turmérico contenida en el curry, el curcumin se consigue de forma concentrada en cápsulas.

Algunos alimentos como el jugo de uva Concord, y los arándanos (blueberry y bilberry) pueden ayudar a retardar los cambios cerebrales ocurridos en la vejez. Los arándanos reducen el nivel de una sustancia que disminuye la memoria y que se encuentra en cantidades elevadas en personas de edad avanzada.

Se debe evitar un tipo de ácido graso conocido como ácido linoleico que se encuentra abundantemente en la margarina, la mantequilla y los productos lácteos.

Nutrientes
Vitamina E y vitamina C - en otros estudios se ha encontrado que la combinación de 400 unidades internacionales de vitamina E al día conjuntamente con 500 miligramos de vitamina C reduce el riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer. Dosis elevadas de vitamina E sin el consumo de vitamina C parecen ser mucho menos efectivas y la vitamina C sin estar acompañada por la vitamina E no surte efecto. Según los hallazgos de varios estudios la vitamina E puede convertirse en un oxidante que puede causar daño si se consume sola (es decir si no se acompaña de otros antioxidantes como la vitamina C). Existen estudios recientes que señalan que la mejor forma de vitamina E es la conocida como gamma tocoferol o una mezcla de las diversas formas de vitamina E (alfa, beta, gamma tocoferol y otros compuestos llamados tocotrienoles). Para ser más efectiva la vitamina E debe ingerirse conjuntamente con una comida que contenga alguna cantidad de grasa (preferiblemente algún aceite como el de oliva o canola). Algunos estudios recientes señalan que al menos 1000 miligramos de vitamina C acompañando 400 unidades internacionales de vitamina E es una dosis que provee los mejores beneficios. La vitamina E tiene efectos anticoagulantes, por lo que las personas que utilizan anticoagulantes recetados deben consultar con su médico antes de usar suplementos de vitamina E.

Acido fólico - ya hemos mencionado el papel que juega este nutriente en la reducción de los niveles de homocisteina. se sabe además que muchas de las personas que padecen de la enfermedad de Alzheimer tienen niveles bajos de ácido fólico en la sangre. Se ha especulado si esta deficiencia de ácido fólico contribuye al desarrollo y progreso de la enfermedad o si por el contrario es más bien una consecuencia de la misma. Sin embargo, estudios recientes parecen sugerir que consumir cantidades adecuadas de ácido fólico ya sea en la alimentación o en forma de suplemento puede proteger el cerebro de las personas envejecientes y ayudar en la prevención de la enfermedad de Alzheimer y otras enfermedades neurodegenerativas. Los vegetales de hojas verdes oscuras, los cítricos, el pan integral, las legumbres y las nueces son buenas fuentes de ácido fólico.

Plantas medicinales
Ginkgo biloba - algunos estudios sugieren que el Ginkgo biloba puede ayudar a tratar los síntomas del Alzheimer. El Ginkgo biloba mejora el flujo de sangre en el cerebro y posee propiedades antioxidantes. Sin embargo, se necesitan más estudios. Las personas que utilizan anticoagulantes no deben ingerir Ginkgo biloba. Igualmente las personas que utilizan medicamentos conocidos como inhibidores de la monoamino oxidasa (inhibidores MAO) ni las mujeres embarazadas deben utilizar Ginkgo biloba.

El té verde y el té negro, los cuales se derivan de una misma planta (Camellia sinensis) parecen tener la capacidad de inhibir varias enzimas asociadas a la enfermedad de Alzheimer. Una de estas es la colinesterasa por lo que tanto el té negro como el té verde actúan de forma similar a medicamentos como el Aricept que se emplean con este propósito. Ambos tés también inhiben otra enzima que se ha encontrado en las placas seniles de pacientes de la enfermedad de Alzheimer. En adición el té verde inhibe otra enzima que toma parte en la fabricación de estas placas seniles.

Suplementos
L-Acetilcarnitina – este es un compuesto parecido a las vitaminas que toma parte en la producción de energía en las células. Se ha investigado su uso en la enfermedad de Alzheimer y otros desórdenes como los defectos de la memoria relacionados con la edad. La L-Acetilcarnitina tiene un parecido estructural a la acetilcolina y se ha encontrado que puede imitar ésta y es de beneficio en la enfermedad de Alzheimer y otros desórdenes que padecen personas de edad avanzada. Se ha encontrado que l a L-Acetilcarnitina ayuda a mejorar la función cognitiva y la memoria de los pacientes de la enfermedad de Alzheimer. Una dosis empleada en estos estudios ha sido de 2,000 miligramos dos veces al día.

Fosfatidilserina – esta sustancia juega un papel importante en la preservación de la integridad de las membranas celulares en el cerebro. El cuerpo humano normalmente fabrica una cantidad suficiente de fosfatidilserina pero cuando hay una deficiencia de ácido fólico y vitamina B12 o de ácidos grados esenciales es posible que no pueda fabricar una cantidad suficiente. En varios estudios con pacientes de condiciones tales como de enfermedad de Alzheimer pérdida cognitiva relacionada con la edad y depresión se ha encontrado que la fosfatidilserina es de beneficio. En un estudio con pacientes que sufrían de senilidad de moderada a severa se encontró una mejoría en las funciones mentales, el estado de ánimo y la conducta.  Más sobre la fosfatidilserina