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Depresión, hormonas y neurogénesis

Aunque, indudablemente, la baja en los niveles de neurotransmisores como la serotonina y la norepinefrina están involucradas en la depresión, también existen otras sustancias cuyas altas o bajas pueden ser causantes de estados depresivos. Nos referimos a las hormonas. Las hormonas son sustancias secretadas por las glándulas endocrinas como la pituitaria, la tiroides o las adrenales, y cuya función es la de regular procesos tales como: el metabolismo, el crecimiento, y la reproducción.

  

La glándula pituitaria, localizada en la base del cerebro ha sido llamada la glándula maestra o la glándula controladora porque las hormonas que produce controlan las secreciones de otras glándulas. Una región del cerebro, adyacente a la pituitaria conocida como hipotálamo, segrega varias sustancias que, dependiendo de las circunstancias, estimulan la secreción de hormonas por parte de la pituitaria o la inhiben.

Se ha demostrado que las personas deprimidas presentan una respuesta pobre a las sustancias que estimulan la secreción de varias de estas hormonas, entre ellas la hormona del crecimiento y la hormona estimuladora de la tiroides.

Hormonas de estrés y depresión

Hay una relación estrecha entre la depresión y las hormonas que regulan el estrés. Cuando nos encontramos ante una situación que amenaza nuestra seguridad física o psicológica, el hipotálamo envía una serie de señales hormonales a la glándula pituitaria. La pituitaria a su vez envía otras señales a las glándulas adrenales que se encuentran en la parte superior de los riñones. Las adrenales entonces segregan una hormona de estrés llamada cortisol que ayuda a preparar nuestro organismo para enfrentarse al peligro. Uno de los resultados de los cambios hormonales relacionados con el estrés es que el cerebro se ve invadido por una serie de sustancias químicas, que estimulan las áreas que tienen que ver con los estados emocionales pero inhiben las que tienen que ver con la concentración y el pensamiento racional. La producción de serotonina se ve también afectada. Cuando esta situación se prolonga demasiado, el resultado es un estado de depresión, con cansancio crónico e incapacidad para concentrarse en las tareas cotidianas.

Depresión y atrofia cerebral

La teoría acerca de la química cerebral como causante de la depresión se convirtió en la más aceptada. Sin embargo, a partir de la década de 1990 se han hecho algunos descubrimientos relacionados con el cerebro y las células nerviosas que han llevado a pensar que dicha teoría es incorrecta o que, cuando menos, no explica la totalidad de lo que sucede en el cerebro de las personas deprimidas.

En algunos estudios se ha encontrado que la condición de las personas deprimidas no empeora cuando los niveles de serotonina presentes en el cerebro disminuyen. También parece ser que una reducción similar en el nivel de serotonina en el cerebro de las personas no deprimidas no las lleva a deprimirse. Se ha encontrado además que los medicamentos antidepresivos hacen que el nivel de serotonina en el cerebro nivel aumente en el transcurso de unas horas. Sin embargo, los efectos benéficos, en cuanto a elevar el estado de ánimo y reducir los síntomas de la depresión, tardan por lo general varias semanas en producirse.

Cómo la depresión afecta al hipocampo y los lóbulos frontales del cerebro

Se ha encontrado evidencia de que en el cerebro de las personas deprimidas se produce una reducción en el tamaño de algunas partes del cerebro, especialmente el hipocampo y los lóbulos frontales. Mientras más severa y/o más prolongada sea la depresión mayor es la pérdida de tamaño en estas regiones del cerebro.

El hipocampo lleva a cabo importantes funciones relacionadas con la formación de memorias y el manejo de las emociones. Se encuentra bajo la corteza cerebral en el lóbulo temporal medio y su nombre proviene de su forma que se asemeja a la de un hipocampo o caballito de mar (del griego hippos - caballo y kampos - un mostruo marino). Los lóbulos frontales del cerebro, por su parte, son una especie de centro de control de nuestras emociones, además de tomar parte en otras funciones entre ellas la solución de problemas, el control de impulsos y el lenguaje.

Depresión y neurogénesis

Otro descubrimiento importante de años recientes es que el cerebro humano posee la capacidad de crear células nerviosas o neuronas nuevas a lo largo de toda la vida. A esto se le conoce como neurogénesis. Muchas de estas nuevas neuronas sustituyen a otras que han muerto.

Investigaciones recientes parecen indicar que la depresión provoca una inhibición del proceso de neurogénesis. Es decir, en las personas deprimidas el proceso de creación de nuevas células nerviosas se vuelve más lento o se detiene.

Algunos investigadores han postulado que la depresión se produce cuando las células nerviosas no tienen la capacidad necesaria para responder al ataque de estímulos externos, entre los cuales figura prominentemente el estrés. Algunos investigadores han encontrado que bajo un estado de depresión el cuerpo humano produce una cantidad mayor de lo normal de cortisol. Se cree que esta hormona relacionada con el estrés, tiene un efecto tóxico sobre las neuronas, especialmente las del hipocampo.

Ronald S. Duman, investigador asociado a la Universidad de Yale encontró que el cerebro de las personas deprimidas suprime la producción de unas sustancias conocidas como factores neurotróficos que ayudan a que las neuronas sobrevivan y crezcan.

Estas investigaciones recientes parecen demostrar que la depresión no es principalmente un problema de falta de balance químico.  El problema principal parece ser un proceso de atrofia de neuronas unido a una falta de producción de nuevas neuronas. En este sentido la depresión se parecería a enfermedades neurodegenerativas como la enfermedad de Alzheimer o el Parkinson. Sin embargo, hay una importante diferencia ya que en la depresión el proceso es reversible. Según parece, en la depresión no hay tanto muerte de neuronas como atrofia de las mismas, por lo que éstas pueden recuperarse. El proceso de neurogénesis, también puede reiniciarse y es susceptible de ser estimulado. Se ha descubierto que los medicamentos antidepresivos hacen que aumenten los ya mencionados factores neurotróficos que nutren a las células cerebrales. Todo esto parece indicar que la forma en que los medicamentos antidepresivos, al igual que diversas actividades, entre ellas el ejercicio físico y mental, combaten la depresión no es incrementando el nivel de neurotransmisores en el cerebro sino estimulando la creación de nuevas neuronas y el rejuvenecimiento de las neuronas atrofiadas.