Diabetes: Alternativas Naturales

 

 

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Capítulo 4-1 El tratamiento de la diabetes por medio de la alimentación
Rafael Valle Rivera

 

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La alimentación juega un papel importante tanto en la prevención como en el tratamiento de la diabetes. En el caso de la diabetes tipo 1 la alimentación y las otras alternativas naturales que presentamos en esta obra pueden ayudar a evitar numerosas complicaciones, pero no sustitutuyen el uso de la insulina. En la diabetes tipo 2 la alimentación puede evitar que la persona llegue a tener la necesidad de usar insulina. En algunos casos de diabetes tipo 2 en que la persona necesita medicamentos, o incluso insulina, las medidas presentadas aquí pueden hacer que las dosis necesarias se reduzcan. Sin embargo, la persona diabética no debe jamás tomar por su cuenta la decisión de reducir o eliminar el uso de insulina o de otros medicamentos. Cualquier decisión en este sentido sólo debe tomarse en consulta con un profesional de la salud cualificado.

La diabetes y la alimentación
Tanto en la diabetes tipo 1 como en la diabetes tipo 2, la alimentación tiene tres objetivos principales. En primer lugar, ayudar a controlar los niveles de azúcar en la sangre, evitando bajas y subidas drásticas o súbitas. En segundo lugar, ayudar a controlar la cantidad y el tipo de grasa presente en la sangre, de modo que se eviten los problemas cardiovasculares tan comunes en las personas diabéticas. El tercer objetivo es proveer una alimentación óptima, que propenda a un mayor bienestar y una mejor salud.

La alimentación también es vital para ayudar a aquellas personas diabéticas que necesitan perder peso. La reducción de peso puede hacer una gran diferencia. Tanta, que existen casos en que ha logrado que los síntomas de la diabetes desaparezcan. En otros casos, se ha logrado reducir las dosis de medicamentos necesarias.

En primer lugar, hay que procurar una alimentación que provea todos los nutrientes necesarios sin un exceso de calorías. Esto, combinado con el ejercicio, ayudará, entre otras cosas, a reducir de peso y disminuir el porcentaje de grasa corporal. Las investigaciones han demostrado que éstos, son probablemente los factores más importantes, tanto para prevenir como para controlar la diabetes tipo 2 y que incluso, en un buen número de casos, esto de por sí es capaz de lograr lo que para todos los efectos es una cura de la condición.

Por otra parte, En el caso de la diabetes tipo 1 la reducción de peso no logrará una curación, pero es sumamente importante, ya que las células de grasa en el cuerpo reaccionan fácilmente de manera anormal a la insulina que estos pacientes deben inyectarse.

Las grasas y la diabetes
Aunque las grasas han adquirido una mala fama, lo cierto es que nuestro cuerpo necesita cierta cantidad de grasas. Los depósitos de grasa ayudan a proteger los órganos internos, son una fuente concentrada de energía, forman parte de las membranas de nuestras células, especialmente de las del cerebro y nos ayudan a absorber las vitaminas A, D, E y K.

Ahora bien, no todas las grasas son iguales. Las grasas pueden provenir tanto de fuentes animales como vegetales. Las de origen vegetal y las del pescado, son las mejores para nuestra salud. Las grasas también se clasifican como saturadas y no saturadas (o insaturadas). Las grasas saturadas son sólidas a temperatura ambiente (por ej. la manteca) mientras que las no saturadas son líquidas (los aceites). Las grasas saturadas provienen mayormente de fuentes animales, aunque algunos productos de origen vegetal como el aceite de coco y el de palma también las contienen. Las grasas saturadas son convertidas fácilmente en colesterol en nuestro organismo. Las grasas no saturadas se dividen en dos tipos: la monoinsaturadas y las poliinsaturadas. Un ejemplo de grasa monoinsaturada es el que predomina en el aceite de oliva y el de canola. Ejemplos de grasas poliinsaturadas son las del aceite de maíz, el de girasol, y el de azafrán; al igual que las conocidas como omega-3, presente en el pescado y las omega-6. Contrario a lo que sucede con las grasas saturadas, las insaturadas tienden a reducir el nivel de colesterol en la sangre.

Colesterol “Bueno” y Colesterol “Malo”

El colesterol es una sustancia natural que cumple varias funciones en nuestro cuerpo. Nuestras células necesitan cierta cantidad para mantener sus membranas flexibles y permeables. Nuestras hormonas sexuales, por ej. el estrógeno y la testosterona son hechas a base de colesterol. El colesterol es un precursor en la síntesis de la vitamina D. Normalmente nuestro hígado fabrica todo el colesterol que necesitamos. Por esta razón no es necesario ingerirlo en la dieta. Cuando por alguna razón tenemos más colesterol del necesario en nuestra sangre, este tiende a depositarse en las arterias, obstruyendo el flujo de la sangre, lo que eventualmente puede producir arteriosclerosis e infartos.

El colesterol viaja desde el hígado hacia la sangre unido a unas proteínas llamadas lipoproteínas de baja densidad (LDL por sus siglas en inglés). Éste es el llamado colesterol malo. Por el contrario, el colesterol viaja de la sangre y los tejidos hacia el hígado, para allí ser eliminado, unido a las llamadas Lipoproteínas de alta densidad HDL. Mientras más colesterol LDL tengamos mayor es nuestro riesgo de arteriosclerosis y enfermedades cardiacas. Por el contrario mientras mayor el colesterol HDL menor es nuestro riesgo. Lo ideal es que el porcentaje de colesterol LDL sea no mayor de 2 ½ veces el de colesterol HDL. Por ejemplo, una persona que tiene 150 mg/dl de colesterol LDL debería tener al menos 60 mg/dl de colesterol HDL

Un tipo de grasa particularmente dañino, es el representado por los ácidos transgrasos. Los ácidos transgrasos son un producto del proceso de hidrogenación empleado en la moderna tecnología de alimentos. La hidrogenación es un proceso en el que se le añade hidrógeno a aceites que contienen grasas no saturadas, convirtiéndolos en una sustancia semi-sólida.  Esto produce un tipo de grasa saturada que no se encuentra en los animales ni en las plantas y que es dañino a nuestro organismo. Entre otras cosas, este tipo de grasa aumenta el colesterol malo y disminuye el bueno y ha sido ligada a numerosas enfermedades. Evite los productos que digan en la etiqueta que contienen aceite hidrogenado o parcialmente hidrogenado, ya que esto es sinónimo de ácidos transgrasos. Este tipo de grasa se utiliza muy frecuentemente en productos tales como galletitas, donas etc. Se encuentran también en la margarina, la manteca vegetal, los aceites procesados, los alimentos fritos y las bolsas de papitas, doritos, pretzels, etc.

En términos generales, la mejor alimentación para prevenir y/o controlar la diabetes es una baja en grasas saturadas, tales como las que se encuentran en numerosas carnes, productos lácteos, postres, galletas, etc. También deben evitarse los alimentos muy salados al igual que el exceso de calorías que puede conducir a sobrepeso u obesidad.

En un estudio llevado a cabo en 2004 se encontró que mientras más carnes rojas y procesadas (perros calientes, corned beef, etc.) se consumen, mayor es el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. Por el contrario, también se encontró que quienes siguen una dieta alta en pescado, legumbres, frutas y vegetales tienen un riesgo mucho menor.

  • Existen varias formas sencillas para reducir el consumo de grasas saturadas. Entre ellas:
  • Evite consumir alimentos fritos. Prefiera alimentos asados o al vapor.
  • Evite los alimentos que indican en la etiqueta que contienen aceites hidrogenados o parcialmente hidrogenados.
  • Si utiliza aceite prefiera el de oliva o el de canola. Éstos contienen un alto porcentaje de grasas monoinsaturadas que ayudan a reducir el nivel del colesterol LDL y a prevenir enfermedades cardiacas. También ayudan a prevenir coágulos sanguíneos y a reducir la presión arterial. Además las grasas monoinsaturadas del aceite de oliva y el de canola son más resistentes a los daños y a la oxidación causados por el calor y la luz que las grasas poliinsaturados utilizados en otros aceites vegetales, como el de maíz, maní, azafrán y girasol. En adición, las grasas monoinsaturadas ayudan a prevenir la oxidación del colesterol LDL mientras que el ácido linoleico, que es el tipo de grasa predominante en la mayoría de los aceites vegetales, promueve la oxidación. El colesterol oxidado es sumamente peligroso, ya que se adhiere fácilmente a las arterias y provoca estados inflamatorios en el interior de éstas. Esto eventualmente, puede desembocar en arteriosclerosis. Por estas razones, el aceite de oliva y el de canola son preferibles para cocinar. Mi recomendación es el aceite de oliva extra virgen ya que la evidencia que hay sobre sus beneficios a la salud es superior a la del aceite de canola. Además, el aceite de canola que se consigue en los supermercados por lo general no es el mejor.  Evite, especialmente, el aceite de maíz.
  • Si cocina con aceite evite reutilizarlo. Los aceites se van oxidando a medida que se calientan. Estos aceites oxidados están cargados de sustancias conocidas como radicales libres que son sumamente dañinas. En muchos restaurantes de comida rápida utilizan el aceite para freír una y otra vez, con el propósito de economizar. Esto es sumamente nocivo a la salud.
  • Utilice productos lácteos descremados o bajos en grasa.
  • Si compra alimentos enlatados asegúrese que éstos sean empacados en agua y no en aceite.
  • Si come carnes procure que sean magras. En el caso del pollo o el pavo, elimíneles la piel.
  • Considere sustituir la carne por el pescado, especialmente pescado de aguas frías, tales como el salmón, la sardina, el arenque y la macarela. Éstos poseen altos niveles de un tipo de grasa conocida como omega-3 que ayuda a mantener nuestro cerebro, articulaciones y arterias en buen estado. El atún también posee omega-3 aunque en cantidades no tan altas como el salmón y las sardinas. Sin embargo, no es recomendable ingerir atún frecuentemente, ya que se ha encontrado que muchas veces tiene altos niveles de mercurio. Evite también el pescado ahumado.

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