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Ejercicio para preservar el vigor juvenil

Algunos de los más esperanzadores descubrimientos acerca del mantenimiento de la fuerza y vigor juvenil son aquellos relacionados con el ejercicio. Es un hecho reconocido el que nuestros cuerpos están hechos para la actividad. Los huesos de las personas sedentarias se debilitan y pierden densidad. Es también sabido que un paciente hospitalizado que pasa largas horas en una cama se enfrenta a un alto riesgo de pulmonía, coágulos sanguíneos e infecciones del tracto urinario.

El Dr. James Rippe de la Escuela de Medicina de la Universidad de Massachusetts señala que el ejercicio puede prevenir numerosas enfermedades, incrementar el lapso de vida y mejorar la calidad de vida. Sabemos que el ejercicio puede reducir la presión sanguínea, bajar los niveles de colesterol, aumentar la proporción de músculo en el cuerpo y fortalecer el corazón. Recientemente los científicos han comenzado a notar una conexión entre la inactividad física y ciertos tipos de cáncer.

Ejercicio y envececimiento

Muchos de los males generalmente atribuidos a la vejez son en realidad el resultado de la inactividad y el debilitamiento muscular que ésta provoca. Este es el caso de muchos dolores atribuidos a la artritis que desaparecen cuando la persona que los padece se embarca en un programa de ejercicios destinados a aumentar su fortaleza y masa muscular.

El corredor y escritor Jeff Galloway narra como su padre Elliot, a los 52 años de edad, obeso y con 30 años de vida sedentaria a cuestas decidió comenzar a ejercitarse. Aunque al principio apenas podía trotar unos pocos cientos de metros a los 59 años de edad logró correr un maratón en menos de tres horas. En el proceso logró rejuvenecer borrando unos 20 años de envejecimiento prematuro.

Un estudio llevado a cabo en la Universidad de Tufts demostró que gran parte de los efectos del envejecimiento pueden revertirse mediante el ejercicio, especialmente si éste es complementado con mejoras en la dieta. Estos hallazgos fueron reseñados, en un libro titulado Biomarkers, por William Evans y Brian Rosenberg, dos científicos de dicha universidad. En esta obra los autores identifican diez marcadores o indicadores de la edad. Hasta hace unos pocos años se creía que estos marcadores sufrían un deterioro irreversible con la edad. Hoy sabemos que esto no necesariamente es así. Los diez marcadores o indicadores son:

1. Masa muscular

2. Fuerza

3. Tasa de metabolismo basal

4. Grasa corporal

5. Capacidad aeróbica

6. Presión sanguínea

7. Tolerancia de azúcar

8. Proporción de colesterol HDL (colesterol bueno)

9. Densidad ósea

10. Regulación de la temperatura corporal

Evans y Rosenberg descubrieron que entre estos diez indicadores los primeros dos - masa muscular y fuerza - son los más importantes. En nuestra civilización la mayoría de las personas han perdido la mitad de su masa muscular y duplicado el total de grasa en su cuerpo al llegar a los 65 años. En los Estados Unidos el adulto promedio pierde unas 6.6 libras de lo que se conoce como "lean body mass" es decir la parte del tejido corporal que no es grasa (huesos, músculos y órganos vitales).

Los gerontólogos han encontrado que los músculos juegan un papel mucho más importante en la vitalidad de las personas que lo que anteriormente se creía. Evans y Rosenbeng encontraron que la cantidad de masa muscular y la fuerza son críticas, que desarrollando los músculos aun a edades avanzadas es posible rejuvenecer nuestro cuerpo y su funcionamiento. Puesto que la velocidad a la que se pierde masa muscular se acelera a partir de los 45 años de edad el programa desarrollado en la Universidad de Tufts provee ejercicios vigorosos para personas mayores de dicha edad. Esto obviamente va en contra de lo que antiguamente se decía en el sentido de que la actividad física vigorosa era solamente para los jóvenes.

El estudio de la Universidad de Tufts demuestra que la pérdida de fuerza asociada con la edad no es inevitable y que puede ser revertida. Como parte del estudio se colocó a doce hombres entre las edades de 60 y 72 años en un régimen de levantamiento de pesas que incluía sesiones tres veces por semana durante tres meses. Al final del estudio el tamaño de varios músculos se había duplicado o triplicado y muchos de ellos podían levantar pesos mayores que el que podían levantar jóvenes normales de 25 años. Un programa similar aunque no tan intenso se siguió con personas de más de 95 años y los resultados fueron sumamente exitosos.

Un resultado muy significativo fue que el régimen de ejercicio seguido en este estudio tuvo un efecto holístico, es decir sobre la totalidad del cuerpo. Una vez las personas aumentaron su masa muscular y su fuerza los otros marcadores de la edad comenzaron a mejorar. Se registraron mejoras en la presión sanguínea y la tolerancia al azúcar. La habilidad del cuerpo para regular la temperatura también aumentó.

Recientemente se ha encontrado alguna evidencia de que el ejercicio también puede ayudar a mantener la flexibilidad de las arterias, evitando así el endurecimiento de éstas. Este endurecimiento de las arterias se consideraba hasta hace poco como una consecuencia inevitable del envejecimiento. Sin embargo en un estudio llevado a cabo por Edward G. Lakatta director del Laboratorio de Ciencia Cardiovascular del Instituto Nacional del Envejecimiento de los Estados Unidos en el que se comparó el endurecimiento de las arterias de un grupo de atletas varones entre las edades de 54 y 78 años con la de un grupo de varones sedentarios de la misma se encontró que los primeros tenían un 30 por ciento menos de endurecimiento de las arterias. Una explicación de estos hallazgos podría encontrarse en el hecho de que las paredes de los vasos sanguíneos son musculares. Al ejercitarnos vigorosamente estamos también ejercitando las paredes de las arterias, obligándolas a expandirse para manejar el aumento en el flujo sanguíneo producido por el ejercicio y luego a contraerse al suspender el ejercicio. Posiblemente mientras más veces hagan esto mayor es la flexibilidad que retienen.

Continúa