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En la segunda etapa el sueño es un tanto más profundo.  Las ondas cerebrales por lo general son de bajo voltaje aunque también presentan actividad esporádica de 12 a 16 ciclos por segundo.  Esta etapa dura unos diez minutos tras los cuales da paso a la tercera etapa.  La tercera etapa es aún más profunda que la segunda y se caracteriza por la aparición de ondas cerebrales de .5 a 2.5 ciclos por segundo conocidas como ondas delta.  En la cuarta etapa que es la más profunda de todas estas ondas delta son las que predominan la mayor parte del tiempo.

Durante estas cuatro etapas que hemos considerado hasta ahora, la corteza cerebral, que es la región del cerebro responsable de la mayor parte de las actividades mentales superiores tales como los movimientos voluntarios, el pensamiento, el razonamiento y la memoria, permanece relativamente inactiva.   Por otra parte, en estas etapas se producen algunos movimientos corporales.  Sin embargo, pasados entre 75 y 100 minutos de habernos quedado dormidos/as algo extraño sucede.  El patrón de ondas cerebrales y de actividad corporal cambia drásticamente y entramos en una etapa del sueño muy distinta a las demás.  Esta es la etapa de movimientos oculares rápidos (MOR) a la que ya hicimos referencia al hablar de los experimentos de Kleitman y Aserinsky.

Etapa MOR - en esta etapa la actividad de las ondas cerebrales es muy parecida a la de una persona despierta.  La corteza cerebral presenta gran actividad y si despertamos a la persona lo más probable es que recuerde haber estado soñando.  Esta asociación entre la etapa MOR y los sueños han sido la causa de que la mayor parte de las investigaciones se hayan concentrado en dicha etapa.  Muchos de los primeros que investigaron esta etapa del sueño llegaron a la conclusión de que los sueños solamente se producían durante la misma.  Sin embargo, hoy sabemos que esto no es cierto.

Durante esta etapa el pulso se acelera, la respiración se hace irregular y los ojos se mueven vigorosamente de lado a lado bajo los párpados cerrados.  Pareciera como si quien duerme se encontrara bajo un estado de gran agitación.  Pero aún hay más.  En el hombre se presentan erecciones y en la mujer ocurre un marcado aumento en la circulación sanguínea en el área genital.  Los músculos voluntarios, por su parte, se relajan y los reflejos disminuyen grandemente provocando lo que se conoce como parálisis del sueño, un estado en el que la mayor parte de los movimientos musculares desaparecen imposibilitando que actuemos nuestros sueños.  En raras ocasiones este mecanismo puede fallar como me sucedió en una ocasión en que al enfrentarme a un extraño y peludo monstruo en mis sueños le tiré un golpe sólo para despertarme con la mano adolorida por haberle pegado tremendo puñetazo a la pared.  A muchas personas les pueden ocurrir situaciones similares en alguna que otra ocasión durante el transcurso de su vida lo cual normalmente no debe ser motivo para preocuparse.  Ahora bien, si esto se repite frecuentemente es muy probable que la persona padezca de un trastorno conocido como Desorden Conductual MOR. Se ha encontrado que la melatonina puede ser de ayuda en algunos de estos casos.

A la  etapa MOR se le conoce también como sueño paradójico por la aparente paradoja presentada por un cerebro sumamente activo y un cuerpo virtualmente paralizado.

Las etapas del sueño

Uno de los principales resultados de las modernas investigaciones sobre el sueño fue el descubrimiento de que éste no es un estado uniforme sino que durante el mismo se producen una serie de variaciones en los patrones de ondas cerebrales, tono muscular y movimientos oculares.  El estudio de estas variaciones llevó eventualmente a distinguir una serie de etapas a través de las cuales pasamos en el transcurso de nuestro dormir.  A continuación haremos una breve descripción de estas etapas no sin antes advertir que esta división es un tanto arbitraria y tiene meramente el valor de ayudarnos a entender  lo que en realidad es un proceso continuo.  La naturaleza por lo general no se conforma a nuestro deseo de establecer divisiones claras y tajantes.

En primer lugar, antes de quedarnos dormidos(as) entramos en un corto período conocido como la fase hipnagógica.  Esta es una fase transitoria entre el estar despiertos y dormidos que se caracteriza por la aparición de una serie de imágenes breves de tipo alucinatorio que muchos comparan con fotografías muy vívidas.  En ocasiones también se experimentan fenómenos similares de tipo auditivo tales como oír que alguien nos llama por nuestro nombre, o escuchar fragmentos de conversaciones que hemos sostenido durante el día.  La gran mayoría de estas imágenes no son recordadas al despertar.  Sin embargo, como veremos más adelante, esta fase es importante y existe la posibilidad de que las imágenes que surgen durante esta etapa nos sirvan para potenciar nuestra creatividad y la capacidad para solucionar problemas.

Etapas 1 a 4 - Las ondas cerebrales de una persona despierta se caracterizan por la presencia de ondas de entre 8 y 12 ciclos por segundo conocidas como ondas alfa.  En el sueño se produce una desaparición de estas ondas.  En la primera etapa, que dura entre dos y cinco minutos, el patrón de ondas cerebrales es bastante irregular.  El corazón comienza a latir más lentamente y los músculos se relajan.  En esta etapa el sueño es muy liviano y es muy fácil despertarnos.