Problemas de Salud: Alternativas Naturales

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La hipertensión o presión sanguínea alta ocurre cuando las arterias se encuentran contraídas o estrechadas aumentando así la resistencia al flujo de sangre a través de ellas. Esto hace que el corazón tenga que trabajar más vigorosamente para impulsar la sangre a iniciar su recorrido a través del cuerpo. Si esta condición se mantiene durante mucho tiempo, puede resultar en daños al corazón y a las arterias. Se aumenta, además, el riesgo de ataque y fallo cardiaco, apoplejía (derrame cerebral) y daños a los riñones.

Una característica de la hipertensión es que por lo general no causa síntomas hasta que se produce un problema serio que, incluso, puede amenazar la vida. Por esta razón a la hipertensión se le conoce como un asesino silencioso. Cuando se presentan síntomas estos pueden incluir, sangrado por la nariz, arritmias, dolor de cabeza, visión borrosa, mareos, y tinitus (percibir sonidos anormales en los oídos o la cabeza). Estos síntomas por lo general sólo se presentan en casos severos. En personas diabéticas una presión sanguínea superior a 130/80 se debe considerar un factor de riesgo y se debe considerar su tratamiento.

La hipertensión afecta a muchos millones de personas. Hasta los 55 años de edad hay más hombres que mujeres que padecen de hipertensión. Sin embargo, de ahí en adelante las mujeres comienzan a padecer más de ésta que los hombres. Las personas de descendencia afronorteamericana padecen más de esta condición que otros grupos étnicos.

Para definir y diagnosticar la hipertensión se utilizan dos medidas: la presión sistólica y la presión diastólica. La primera es la presión cuando el corazón se contrae para impulsar la sangre a través de las arterias. La segunda es la presión cuando el corazón se relaja o descansa momentáneamente en lo que la sangre fluye hacia su interior. La presión normal en una persona adulta se estima que debe ser inferior a 120/80 mm HG (milímetros de mercurio) en donde la primera cifra representa la presión sistólica y la segunda la diastólica. La hipertensión generalmente se diagnostica cuando una persona obtiene resultados de al menos 140/90 en dos visitas sucesivas al médico. Esto se hace así ya que depender de una sola lectura de la presión sanguínea puede conducir a error. La presión sanguínea puede variar en una misma persona a causa de varios factores, entre ellos el estrés, si se ha llevado a cabo actividad física intensa recientemente o incluso, si se ha comido abundantemente.

 

La presión sanguínea sistólica entre 120 y 139 se considera prehipertensión y las personas que están en esta categoría tienen un riesgo aumentado de padecer posteriormente de hipertensión.

En más del 95 por ciento de los casos no se puede identificar la causa de que una persona padezca de hipertensión. A esto se le denomina como hipertensión esencial. Aunque no pueda identificarse se sabe que podría ser causada por factores genéticos y el consumo de sal. En muchas ocasiones ocurre en personas con resistencia a la insulina como parte del llamado síndrome X. En los relativamente escasos casos en que puede identificarse una causa esta puede ser una enfermedad renal (los riñones forman parte del sistema regulador de la presión sanguínea) o hepática o un efecto secundario de algún medicamento.

Previniendo y tratando la hipertensión por medios naturales

Muchos casos de hipertensión son de índole fronteriza o leve (160/104 o menos) y responden bien a cambios en la dieta y el estilo de vida. De hecho, en estos casos de hipertensión leve o fronteriza se ha demostrado que muchos tratamientos de este tipo son superiores a los tratamientos por medio de medicamentos recetados. Otro factor en contra del uso de ciertos tipos de medicamentos en casos de hipertensión leve es que estos pueden tener efectos tales como cansancio, dolores de cabeza, impotencia e incluso, un aumento en el riesgo de ataques cardiacos. Esto último resulta paradójico puesto que uno de los propósitos de estos medicamentos es evitar estos ataques. Los diuréticos y los llamados bloqueadores beta son los más riesgosos en este sentido. En casos de hipertensión mayor de 160/104 se pueden emplear las medidas que detallaremos a continuación, pero además se debe consultar al médico.

El sobrepeso hace que el corazón tenga que trabajar más fuertemente. En muchos casos perder peso hace que desaparezca la hipertensión.

El ejercicio ayuda a mejorar la condición del corazón. Para ser efectivo no es necesario que sea demasiado intenso. Lo que sí es importante es que se lleve a cabo regularmente. El ejercicio con pesas puede ayudar ya que aumenta la masa muscular lo cual ayuda a que el cuerpo utilice mejor la insulina. Esto indirectamente reduce la hipertensión. El aumento de masa muscular también ayuda a reducir de peso ya que los músculos queman calorías aun cuando estemos descansando. Es preferible utilizar pesas relativamente livianas y entre 12 y 15 repeticiones.

No fume. La nicotina aumenta la presión sanguínea. Fumar también puede causar daños a las arterias. Dejar de fumar ayuda a prevenir muchas de las complicaciones de la hipertensión, entre ellas las apoplejías y los ataques cardiacos.

Evite el consumo de café y otros productos con elevado nivel de cafeína

Reduzca, pero no elimine totalmente el consumo de sal. El sodio cumple importantes funciones en nuestro cuerpo. Sin embargo, la dieta típica occidental contiene más sodio del necesario. El consumo de sodio puede reducirse eliminando de su dieta alimentos en los que la sal está visible como los pretzeles, virutas de patata (potato chips), nueces saladas o maní salado Evite también la sal de mesa. Consuma con moderación otros productos con alto contenido de sal como las aceitunas, el queso procesado y el pescado ahumado.

Aumente su consumo de potasio. Restringir el consumo de sal tiene un impacto mínimo en la presión sanguínea si no va acompañado de un aumento en el consumo de potasio. El potasio se encuentra abundantemente en las bananas, frutas secas, pasas, dátiles, patatas, vegetales marinos, aguacates y albaricoques, entre otros alimentos. Consumir entre tres y cinco porciones diarias de frutas y vegetales puede ayudar a corregir la sensibilidad a la sal que algunas personas desarrollan. Precaución. Las personas que sufren de enfermedad renal no pueden manejar el potasio normalmente y deben restringir el uso del mismo. Si usted padece de una condición renal no incremente su consumo de potasio ya que podría sufrir trastornos cardiacos.

Controle el estrés - ya que éste puede elevar la presión sanguínea. Existen diversas técnicas para manejar el estrés que pueden ser de ayuda en la prevención y control de la hipertensión.

Aumente su consumo de ácidos grasos omega-3. Una forma excelente de hacerlo es el consumiendo varias veces por semana pescado de aguas frías como el salmón, las sardinas y la macarela. Se consiguen también cápsulas de omega-3. Sin embargo, los omega-3 pertenecen al grupo de ácidos grasos poliinsaturados una de cuyas características es que se oxidan fácilmente creando compuestos dañinos. Algunas de estas cápsulas poseen una buena cantidad de aceite oxidado. Por esta razón es preferible consumir pescado. También se puede consumir una cucharada diaria de aceite de linaza. Si compra aceite de linaza hágalo en una tienda donde lo mantengan refrigerado y guárdelo en la nevera para evitar la oxidación.

Utilice un suplemento de vitamina B6 - se ha encontrado que la vitamina B6 (piridoxina) puede reducir la hipertensión.

Pruebe aumentando su consumo de magnesio. El potasio interacciona con el magnesio en numerosas partes del cuerpo. Se ha encontrado que un elevado consumo de magnesio está asociado a una presión sanguínea menor. Se cree que los beneficios del magnesio en casos de hipertensión son mayores en personas que tienen un nivel bajo de magnesio. Esto es muchas veces causado por el uso de diuréticos. En casos en que no hay una deficiencia puede que no surta los efectos deseados. Se puede probar un suplemento de magnesio durante cuatro semanas para determinar si es de ayuda. También puede aumentarse el consumo de alimentos ricos en magnesio como: productos lácteos, pescado, vegetales de hojas verdes, granos integrales, habichuelas soya, tofú, arroz integral, millo, manzanas, aguacate, ajo, albaricoque, bananas y carnes.

Pruebe aumentando su consumo de calcio - se ha encontrado que el calcio puede ayudar a reducir la hipertensión en personas sensibles a la sal y en las personas negras. Se ha encontrado también que el citrato de calcio produce mejores resultados que el carbonato de calcio.

La vitamina C - Las personas con bajos niveles de vitamina C tienden a tener la presión sanguínea más elevada que las que tienen mayores niveles de esta vitamina. Dosis de 500 miligramos diarios de vitamina C han ayudad a reducir significativamente la hipertensión. Se cree que los efectos de la vitamina C sobre la presión sanguínea se deben a su actividad como antioxidante o a sus efectos moduladores del óxido nítrico, una sustancia con efectos vasodilatadores.

La vitamina E - las propiedades antioxidantes de la vitamina E ayudan a reducir la hipertensión. En adición, muchas personas que padecen de hipertensión tienen niveles bajos de vitamina E. Una forma de vitamina E que parece ser particularmente útil es la vitamina E gamma tocotrienol. Una dosis sugerida es de entre 200 y 400 unidades internacionales de una forma de vitamina e en la que haya una mezcla de tocoferoles y tocotrienoles.

Si ronca busque ayuda - las personas que roncan son más susceptibles a padecer de hipertensión. Si usted ronca busque tratamiento para esta condición. Roncar puede causar una deficiencia de oxígeno y colocar una pesada carga sobre el corazón y los pulmones. Muchas veces con sólo reducir de peso se eliminan o reducen los ronquidos. En otros casos puede haber algún tipo de obstrucción que causa el problema y en algunos casos, roncar puede ser señal de otros problemas.

Consuma apio - el apio contiene una sustancia que en estudios con animales ha reducido la presión sanguínea entre doce y catorce por ciento y el nivel de colesterol en alrededor de siete por ciento. Una dosis humana equivalente a la utilizada en estos estudios se consigue consumiendo unos cuatro tallos de apio.

El ajo y la cebolla también han demostrado poseer la capacidad de ayudar a reducir la presión sanguínea, además de que ayudan a disminuir el nivel de colesterol.